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La IA tiene sed de electricidad: el próximo gran reto de la ingeniería no es digital, es energético

La Agencia Internacional de la Energía acaba de publicar un dato que merece pararse a leer dos veces: en 2030, los centros de datos representarán cerca del 3% del consumo eléctrico mundial, tanto como todo Japón junto. Para sostener ese crecimiento, el mundo movilizará casi dos billones de dólares en infraestructura digital antes de que acabe la década. Solo en 2026, el gasto de las grandes tecnológicas en esta carrera podría alcanzar los 700.000 millones de dólares, frente a los 400.000 millones de 2025.

No es un dato abstracto ni lejano. España se ha convertido en uno de los epicentros de ese boom: el país ha atraído más de 34.000 millones de euros en inversión de centros de datos en apenas seis meses, con un pipeline de proyectos que ronda los 90.000 millones. Cada nuevo complejo que se anuncia trae consigo la misma pregunta de fondo, la que de verdad nos interesa como ingenieros: ¿de dónde va a salir toda esa energía, y cómo se gestiona sin que el planeta pague la factura?