Hace unas semanas, Accumin —desde su división de datos e inteligencia inmobiliaria— publicó un análisis que confirma algo que en TALAT llevamos años señalando desde la dirección facultativa: la eficiencia energética de un edificio no se decide en la fachada, se decide en sus instalaciones. Según su estudio, basado en certificados energéticos registrados ante el Ministerio para la Transición Ecológica, el 94,2% de las viviendas españolas presenta una calificación ineficiente (letras D a G), y un 67,3% se concentra solo en la letra E.