Esta semana la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha puesto una cifra encima de la mesa que merece pararse a pensar: en 2030, los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial consumirán tanta electricidad como Japón, un país entero. Y para sostener ese crecimiento, el mundo invertirá cerca de dos billones de dólares antes de que acabe la década.
Al mismo tiempo, otro informe publicado esta misma semana —el Smart Manufacturing and Operations Survey 2025 de Deloitte— muestra que las plantas industriales que ya usan IA, automatización y analítica de datos están logrando mejoras de entre el 10% y el 20% en producción y hasta un 20% en productividad. La misma tecnología que dispara el consumo eléctrico mundial es la que está haciendo más eficientes a las fábricas. Ahí está la paradoja, y también la oportunidad.