Hay una frase que se repite estos días en informes de Deloitte, KPMG y el Foro Económico Mundial: la fabricación inteligente ha dejado de ser una promesa de futuro. El 24 de julio, varios medios económicos recogían un dato que resume el momento: el 92% de los fabricantes ya considera que la IA aplicada a planta será su principal motor de competitividad en los próximos tres años. No hablamos de pilotos aislados, sino de una transformación que está entrando en el corazón operativo de la industria — y la energía es uno de los primeros terrenos donde se nota.