La realidad actual
Pese a una mayor conciencia, la mayoría de los centros de datos siguen priorizando la velocidad de salida al mercado y los costes, relegando la sostenibilidad a un segundo plano. Como resultado, aunque algunas instalaciones avanzan en áreas específicas, los verdaderos data centres sostenibles siguen siendo una rareza. Métricas existentes como el Power Usage Effectiveness (PuE) son útiles, pero limitadas. Aunque algunos reguladores —como en los Países Bajos— comienzan a introducir normativas basadas en el PuE, estos esfuerzos representan apenas un punto de partida.
La tecnología necesaria para alcanzar un centro de datos net-zero aún está en desarrollo, pero eso no impide empezar a actuar. Los operadores deben integrar hoy mismo flexibilidad y capacidad de adaptación en sus infraestructuras para prepararse ante el futuro.
Abordar las emisiones en todos los alcances
Alcance 1: Emisiones directas.
La mayoría de los centros de datos dependen de generadores diésel de respaldo, una fuente clave de emisiones directas. Existen alternativas como baterías a escala de red o pilas de combustible, aunque todavía no son viables comercialmente en todos los contextos. Los centros orientados al futuro deben explorar estrategias de respaldo diversificadas.
Alcance 2: Emisiones indirectas por consumo eléctrico.
Aunque muchos centros afirman operar con tarifas de «energía verde», esto no garantiza una mayor generación renovable. Por ello, la eficiencia energética sigue siendo crítica. Mantener un ratio PuE bajo y diseñar infraestructuras con adaptabilidad operativa es fundamental.
Planificar para un futuro más inteligente
El consumo energético global de los centros de datos ya alcanza entre 200 y 250 TWh anuales —aproximadamente un 1% del consumo eléctrico mundial— y, según la IEA, podría triplicarse de aquí a 2040.
Ante estas previsiones, es crucial diseñar hoy pensando en las tecnologías del mañana.
Uno de los sistemas más intensivos en consumo energético —la refrigeración— ya está evolucionando. El sector avanza hacia la refrigeración líquida directa al chip, que permite ganancias significativas de eficiencia. Aunque su adopción masiva está en desarrollo, las instalaciones que se construyan hoy deben estar preparadas para esta transición.