Hace unas semanas, Accumin —desde su división de datos e inteligencia inmobiliaria— publicó un análisis que confirma algo que en TALAT llevamos años señalando desde la dirección facultativa: la eficiencia energética de un edificio no se decide en la fachada, se decide en sus instalaciones. Según su estudio, basado en certificados energéticos registrados ante el Ministerio para la Transición Ecológica, el 94,2% de las viviendas españolas presenta una calificación ineficiente (letras D a G), y un 67,3% se concentra solo en la letra E.
El 94,2% de las viviendas españolas son ineficientes: lo que revelan los datos sobre la próxima década de reformas
Un estudio reciente pone cifras a un problema que en TALAT vemos cada día sobre el terreno: el parque edificado español necesita una puesta al día técnica, no solo estética.
Los números que importan
- Solo el 39% del parque residencial cuenta con certificado energético registrado.
- En 2025 se emitieron 1,3 millones de certificados, un 3% más que el año anterior.
- El 45% de esos certificados se solicitó por una reforma energética, frente al 19% histórico entre 2016 y 2019.
- Cuando la reforma se ejecuta bien, las reducciones de consumo son reales: entre el 25% y el 75% en vivienda unifamiliar, y entre el 10% y el 50% en plurifamiliar.
Son cifras que no hablan solo de vivienda. Hablan de cualquier activo con instalaciones mecánicas, eléctricas y de fontanería que envejecen igual de rápido: un hotel, un centro deportivo, un edificio de oficinas. El diagnóstico es el mismo en todos los casos: sin datos fiables sobre el estado real de las instalaciones, cualquier plan de sostenibilidad es una promesa sin proyecto detrás.
De la subvención a la ejecución: dónde entra la dirección facultativa
Casi en paralelo, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana ha recordado el calendario de las ayudas ligadas a los fondos Next Generation (PRTR): hasta el 80% del coste de rehabilitación energética en edificios vulnerables, deducciones IRPF de hasta el 60% para mejoras que suban dos letras la calificación, y un requisito que rara vez se subraya lo suficiente: cada actuación necesita un proyecto técnico o memoria firmada.
Ahí es exactamente donde trabajamos en TALAT. No entendemos la sostenibilidad como una etiqueta que se añade al final, sino como una decisión que se toma en la planificación: qué sistema de climatización, qué domótica, qué monitorización (BMS) va a permitir que ese salto de letra energética sea real y verificable, no solo sobre el papel de una subvención.
Por qué esto también es una conversación de industria
El salto del 19% al 45% de reformas motivadas por eficiencia energética describe un cambio de mentalidad en el sector: la reforma ya no se pide para actualizar un baño, se pide para bajar una factura y cumplir una normativa que aprieta cada año. Para hoteles, instalaciones deportivas y activos de real estate, esto se traduce en una ventaja competitiva concreta: los edificios que puedan demostrar con datos su eficiencia real —y no solo su intención— serán los que retengan valor, atraigan operadores e inversores, y cumplan con la banca y las certificaciones (BREEAM, entre otras) que cada vez piden más.
Nuestra reflexión
En TALAT no diseñamos instalaciones aisladas: diseñamos sistemas que se puedan medir, mantener y mejorar con el tiempo. El 94,2% no es una mala noticia, es una hoja de ruta: nos dice exactamente dónde está el trabajo de la próxima década, y con qué rigor técnico hay que abordarlo, desde el primer plano hasta la última revisión en obra.
¿Tu edificio, hotel o instalación deportiva sabe realmente en qué letra está y qué le costaría subir dos? Hablemos de ello.